viernes, abril 02, 2010

Jesús Resucitado

Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían. Marcos 15:42-47.
A vísperas del día de reposo, el Señor concluyo su plan de salvación. El Señor descanso al sábado después de su obra de creación y también descansaría el sábado después de su obra de redención. Este hecho es notable, puesto que Jesús murió mucho antes de lo que un prisionero tardaba para morir sobre la cruz.

Para asegurar que realmente estaba muerte, traspasaron su costado con una lanza y de esa herida salió sangre y agua. Pero a diferencia de los ladrones y de acuerdo a la profecía ni un hueso del cordero de Dios fue quebrantado.

Mas adelante veremos acerca de José de Arimatea y Nicodemo, dos hombres del concilio que aunque a escondidas, siguieron a Jesús y hicieron lo que los discípulos no pudieron para ayudarle.

La sierva del Señor describe ese sábado como un día triste. Los discípulos se encontraban sin su Maestro. Aquel a quien siempre les hablaba palabras de consuelo, aquel que les había ayudado a crecer espiritualmente, a el hijo de Dios con el cual estaban juntos a diario. Como cualquier separación que causa la muerte, la tristeza abundaba en sus corazones.


Con la muerte de Cristo, perecieron las esperanzas de sus discípulos. Miraban sus párpados cerrados y su cabeza caída, su cabello apelmazado con sangre, sus manos y pies horadados, y su angustia era indescriptible. Hasta el final no habían creído que muriese; apenas si podían creer que estaba realmente muerto. Abrumados por el pesar, no recordaban sus palabras que habían predicho esa misma escena. Nada de lo que él había dicho los consolaba ahora. Veían solamente la cruz y su víctima ensangrentada. El futuro parecía sombrío y desesperado. Su fe en Jesús se había desvanecido; pero nunca habían amado tanto a su Salvador como ahora. Nunca antes habían sentido tanto su valor y la necesidad de su presencia. *1
Los discípulos extrañaban la presencia de aquel a quien tantos amaban. Se sentían desconsolados a pesar de las palabras de esperanza que El les había dado.
 
El ambiente ante el templo también are lóbrego. Los enfermos llegaban a Jesús buscando sanación de alma y de cuerpo pero ya no estaba.


Las manos amistosas de Jesús de Nazaret, que nunca negaron el toque sanador al asqueroso leproso, estaban cruzadas sobre su pecho. Los labios que habían contestado sus peticiones con las consoladoras palabras: “Quiero; sé limpio,” estaban callados. *1
Los que sufrían y habían venido para ser sanados por el Salvador quedaron abatidos por el chasco. Las calles estaban llenas de lamentos. Los enfermos morían por falta del toque sanador de Jesús. Se consultaba en vano a los médicos; no había habilidad como la de Aquel que yacía en la tumba de José. *1
Los principales y dirigentes si recordaban las palabras de Jesús. Ellos temían que los discípulos robasen el cuerpo de su Maestro y luego dijesen que El había resucitado.


Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia. Mateo 27:62-66.
Los gobernadores de las tinieblas, las huestes espirituales de maldad también se encontraban allí intentando prevenir la resurrección de Jesús. La humanidad para siempre seria condenada si el Señor no rompiese las cadenas de la muerte.


Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. Mateo 28:1-6.

El ángel mas poderoso del cielo descendió del cielo y removió la piedra. Aquel que entrego Su vida también la podía volver a dar pues en El estaba la vida.


Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Juan 10:17.
Así como un terremoto anuncio Su muerte, un terremoto anuncio su resurrección. En la día final cuando venga con poder y gran gloria, vendrá con todos los ángeles del cielo, ¿qué será de esta tierra si hasta las potencias de los cielos sean conmovidas?


El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Juan 6:54.
Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de aquellos que dormían…Su resurrección es símbolo y garantía de la resurrección de todos los justos muertos. “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús.” *2
Para el creyente, la muerte es asunto trivial. Cristo habla de ella como si fuera de poca importancia. “El que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre,” “no gustará muerte para siempre,” Para el cristiano, la muerte es tan sólo un sueño, un momento de silencio y tinieblas. La vida está oculta con Cristo en Dios y “cuando Cristo, vuestra vida, se manifestare, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.” *2
La voz que clamó desde la cruz: “Consumado es,” fué oída entre los muertos. Atravesó las paredes de los sepulcros y ordenó a los que dormían que se levantasen. Así sucederá cuando la voz de Cristo sea oída desde el cielo. Esa voz penetrará en las tumbas y abrirá los sepulcros, y los muertos en Cristo resucitarán. En ocasión de la resurrección de Cristo, unas pocas tumbas fueron abiertas; pero en su segunda venida, todos los preciosos muertos oirán su voz y surgirán a una vida gloriosa e inmortal. El mismo poder que resucitó a Cristo de los muertos resucitará a su iglesia y la glorificará con él, por encima de todos los principados y potestades, por encima de todo nombre que se nombra, no solamente en este mundo, sino también en el mundo venidero. *2
 


¡EL SEÑOR VIENE PRONTO, AMEN, SI, VEN SEÑOR JESÚS!


 
1* El Deseado De Todas Las Gentes, “80. En La Tumba De José”, Elena G. de White

2* El Deseado De Todas Las Gentes, “81. Ha Resucitado”, Elena G. de White

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