martes, febrero 16, 2010

La Última Noche – Parte 8 (Jerusalén)


Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. Mateo 24:1, 2
Todas las predicciones de Cristo acerca de la destrucción de Jerusalén se cumplieron al pie de la letra…*1
La última noche había llegado para Jerusalén. Los juicios de Dios se harían una realidad. Las señales predichas por Jesús años antes se cumplieron y ahora la destrucción final vendría sobre la ciudad.
Aparecieron muchas señales y maravillas como síntomas precursores del desastre y de la condenación. A la media noche una luz extraña brillaba sobre el templo y el altar. En las nubes, a la puesta del sol, se veían como carros y hombres de guerra que se reunían para la batalla. Los sacerdotes que ministraban de noche en el santuario eran aterrorizados por ruidos misteriosos; temblaba la tierra y se oían voces que gritaban: "¡Salgamos de aquí!" La gran puerta del oriente, que por su enorme peso era difícil de cerrar entre veinte hombres y que estaba asegurada con formidables barras de hierro afirmadas en el duro pavimento de piedras de gran tamaño, se abrió a la media noche de una manera misteriosa. - Milman, History of the Jews, libro 13. *1

Notemos que el juicio de Dios sobre Jerusalén se manifestaría por medio del retraimiento de toda protección Divina. Mas aun recordemos que las imágenes de destrucción presentadas en Jerusalén solo son una sombre de lo que acontecerá en los últimos días.
Espantosas fueron las calamidades que sufrió Jerusalén cuando el sitio se reanudó bajo el mando de Tito. La ciudad fue sitiada en el momento de la Pascua, cuando millones de judíos se hallaban reunidos dentro de sus muros. Los depósitos de provisiones que, de haber sido conservados, hubieran podido abastecer a toda la población por varios años, habían sido destruídos a consecuencia de la rivalidad y de las represalias de las facciones en lucha, y pronto los vecinos de Jerusalén empezaron a sucumbir a los horrores del hambre. Una medida de trigo se vendía por un talento. Tan atroz era el hambre, que los hombres roían el cuero de sus cintos, sus sandalias y las cubiertas de sus escudos. Muchos salían durante la noche para recoger las plantas silvestres que crecían fuera de los muros, a pesar de que muchos de ellos eran aprehendidos y muertos por crueles torturas, y a menudo los que lograban escapar eran despojados de aquello que habían conseguido aun con riesgo de la vida. Los que estaban en el poder imponían los castigos más infamantes para obligar a los necesitados a entregar los últimos restos de provisiones que guardaban escondidos; y tamañas atrocidades eran perpetradas muchas veces por gente bien alimentada que sólo deseaba almacenar provisiones para más tarde. *1
Para darnos una idea de las condiciones en las cuales se encontraba Jerusalén, un talento de plata equivale a 75 libras de plata o 34 kilogramos *2. El valor actual por un kilogramo de plata es de $498.98 *3. Esto nos da un valor de $16,965 por una medida de trigo.
Millares murieron a consecuencia del hambre y la pestilencia. Los afectos naturales parecían haber desaparecido: los esposos se arrebataban unos a otros los alimentos; los hijos quitaban a sus ancianos padres la comida que se llevaban a la boca, y la pregunta del profeta: "¿Se olvidará acaso la mujer de su niño mamante?" recibió respuesta en el interior de los muros de la desgraciada ciudad, tal como la diera la Santa Escritura: "¡Las misericordiosas manos de las mujeres cuecen a sus mismos hijos! ¡éstos les sirven de comida en el quebranto de la hija de mi pueblo!" Isaías 49:15; Lamentaciones 4:10. *1
La nación, una vez santa y favorecida por Dios ahora estaba viviendo las consecuencias del gobierno de Satanás. Tal como Jesús pronuncio:
y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mateo 24:12
¿Puedes imaginarte que sucederá cuando Dios remueva su espíritu refrenador de este mundo? Ni aun los lazos familiares son suficientemente fuertes cuando el enemigo controla al ser humano.
Los jefes romanos procuraron aterrorizar a los judíos para que se rindiesen. A los que eran apresados resistiendo, los azotaban, los atormentaban y los crucificaban frente a los muros de la ciudad. Centenares de ellos eran así ejecutados cada día, y el horrendo proceder continuó hasta que a lo largo del valle de Josafat y en el Calvario se erigieron tantas cruces que apenas dejaban espacio para pasar entre ellas. Así fue castigada aquella temeraria imprecación que lanzara el pueblo en el tribunal de Pilato, al exclamar: "¡Recaiga su sangre sobre nosotros, y sobre nuestros hijos!" Mateo 27:25. *1
Como mencioné en el estudio anterior, el resultado inevitable del gobierno de Satanás es la muerte. Pero tal resultado siempre es precedido por la angustia y el sufrimiento. Las palabras mencionadas por la multitud al condenar al inocente príncipe del universo se hicieron una realidad.
De buen grado hubiera Tito hecho cesar tan terribles escenas y ahorrado a Jerusalén la plena medida de su condenación. Le horrorizaba ver los montones de cadáveres en los valles. Como obsesionado, miraba desde lo alto del monte de los Olivos el magnífico templo y dió la orden de que no se tocara una sola de sus piedras. Antes de hacer la tentativa de apoderarse de esa fortaleza, dirigió un fervoroso llamamiento a los jefes judíos para que no le obligasen a profanar con sangre el lugar sagrado. Si querían salir a pelear en cualquier otro sitio, ningún romano violaría la santidad del templo. Josefo mismo, en elocuentísimo discurso, les rogó que se entregasen, para salvarse a sí mismos, a su ciudad y su lugar de culto. Pero respondieron a sus palabras con maldiciones, y arrojaron dardos a su último mediador humano mientras alegaba con ellos. Los judíos habían rechazado las súplicas del Hijo de Dios, y ahora cualquier otra instancia o amonestación no podía obtener otro resultado que inducirlos a resistir hasta el fin. Vanos fueron los esfuerzos de Tito para salvar el templo. Uno mayor que él había declarado que no quedaría piedra sobre piedra que no fuese derribada.*1
Como ciega el pecado al ser humano. Pero las palabras proféticas de Jesús se harían una realidad. No quedaría piedra sobre piedra del templo.
La ciega obstinación de los jefes judíos y los odiosos crímenes perpetrados en el interior de la ciudad sitiada excitaron el horror y la indignación de los romanos, y finalmente Tito dispuso tomar el templo por asalto. Resolvió, sin embargo, que si era posible evitaría su destrucción. Pero sus órdenes no fueron obedecidas. A la noche, cuando se había retirado a su tienda para descansar, los judíos hicieron una salida desde el templo y atacaron a los soldados que estaban afuera. Durante la lucha, un soldado romano arrojó al pórtico por una abertura un leño encendido, e inmediatamente ardieron los aposentos enmaderados de cedro que rodeaban el edificio santo. Tito acudió apresuradamente, seguido por sus generales y legionarios, y ordenó a los soldados que apagasen las llamas. Sus palabras no fueron escuchadas. Furiosos, los soldados arrojaban teas encendidas en las cámaras contiguas al templo y con sus espadas degollaron a gran número de los que habían buscado refugio allí. La sangre corría como agua por las gradas del templo. Miles y miles de judíos perecieron. Por sobre el ruido de la batalla, se oían voces que gritaban: "¡Ichabod!" - la gloria se alejó. *1
Escalofriante imágenes. La sangre corría como agua. Es interesante notar el deseo de Tito de preservar el templo mientras que el pueblo Judío no hizo nada para preservarlo.
"Tito vió que era imposible contener el furor de los soldados enardecidos por la lucha; y con sus oficiales se puso a contemplar el interior del sagrado edificio. Su esplendor los dejó maravillados, y como él notase que el fuego no había llegado aún al lugar santo, hizo un postrer esfuerzo para salvarlo saliendo precipitadamente y exhortando con energía a los soldados para que se empeñasen en contener la propagación del incendio. El centurión Liberalis hizo cuanto pudo con su insignia de mando para conseguir la obediencia de los soldados, pero ni siquiera el respeto al emperador bastaba ya para apaciguar la furia de la solda-desca contra los judíos y su ansia insaciable de saqueo. *1
"Aquel espectáculo llenaba de espanto a los romanos, ¿qué sería para los judíos? Toda la cumbre del monte que dominaba la ciudad despedía fulgores como el cráter de un volcán en plena actividad. Los edificios iban cayendo a tierra uno tras otro, en medio de un estrépito tremendo y desaparecían en el abismo ardiente. *1
"Dentro de los muros la carnicería era aún más horrorosa que el cuadro que se contemplaba desde afuera; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, soldados y sacerdotes, los que peleaban y los que pedían misericordia, todos eran degollados en desordenada matanza. Superó el número de los asesinados al de los asesinos. Para seguir matando, los legionarios tenían que pisar sobre montones de cadáveres." - -Milman, History of the Jews, libro 16. *1
No se nos olvide que las fuerzas del mal siempre han sido limitadas por el poder Divino. Le debemos todo a nuestro Dios quien nos provee Su protección. De otro modo el enemigo nos destruiría.
Destruído el templo, no tardó la ciudad entera en caer en poder de los romanos. Los caudillos judíos abandonaron las torres que consideraban inexpugnables y Tito las encontró vacías. Contemplólas asombrado y declaró que Dios mismo las había entregado en sus manos, pues ninguna máquina de guerra, por poderosa que fuera, hubiera logrado hacerle dueño de tan formidables baluartes. La ciudad y el templo fueron arrasados hasta sus cimientos. El solar sobre el cual se irguiera el santuario fue arado "como campo." Jeremías 26:18. En el sitio y en la mortandad que le siguió perecieron más de un millón de judíos; los que sobrevivieron fueron llevados cautivos, vendidos como esclavos, conducidos a Roma para enaltecer el triunfo del conquistador, arrojados a las fieras del circo o desterrados y esparcidos por toda la tierra. *1
La última noche llegó para el pueblo Judío. Jerusalén fue destruida tal como Jesús lo profetizo. Los juicios de Dios se manifestaron al remover toda protección Divina y permitir que Satanás completase su obra de destrucción. La historia se repetirá.
Cada día que pase, el espíritu refrenador de Dios se aleja de este mundo. Los pecados de un mundo indiferente están llegando al cielo. Los juicios finales están a punto de caer sobre este mundo que cada vez mas cae bajo la dirección del enemigo.
Es hora de entregarnos por completo al Señor. Debemos ser transformados por El y prepararnos para el glorioso encuentro con Jesús. El promete la protección de sus ángeles pero mayor aun, promete la vida eterna.


¡EL SEÑOR VIENE PRONTO, AMEN, SI, VEN SEÑOR JESÚS!


1* El Conflicto De Los Siglos, “La Destrucción De Jerusalén” Elena G. de White.
2* Unitconversion.org – Talent, http://www.unitconversion.org/weight/talent-biblical-hebrew-conversion.html
3* Kitco Precious Medals, Silver, http://www.kitco.com/market/us_charts.html

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