sábado, febrero 06, 2010

La Última Noche – Parte 1 (Jerusalén)


Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mateo 24:15-18
La instrucción que los ángeles le dieron a Lot y su familia para abandonar la ciudad fue la misma que el Señor le dio a sus discípulos. Estos versos tienen doble aplicación puesto que el Señor estaba contestando dos preguntas. En la siguiente serie veremos la aplicación que estos versos tienen para nuestros días.

Dios había determinado que no había mas solución para Sodoma y Gomorra mas que su destrucción. Los pecados habían llegado hasta el cielo. La misericordia de Dios por mucho tiempo se había extendido y el estaba dispuesto a perdonarlas por amor a 10 justos que se encontrasen en ellas. De la misma forma Jerusalén fue juzgada y no había otra solución mas que su destrucción.


Recordemos lo que la sierva del Señor escribió con respecto a los pecados de Sodoma y Gomorra.

El Redentor del mundo declara que hay pecados mayores que aquellos por los cuales fueron destruidas Sodoma y Gomorra. Los que oyen la invitación del Evangelio que llama a los pecadores al arrepentimiento, y no hacen caso de ella, son más culpables ante Dios que los habitantes del valle de Sidim. Mayor aun es el pecado de los que aseveran conocer a Dios y guardar sus mandamientos, y sin embargo, niegan a Cristo en su carácter y en su vida diaria. De acuerdo con lo indicado por el Salvador, la suerte de Sodoma es una solemne advertencia, no meramente para los que son culpables de pecados manifiestos, sino para todos aquellos que están jugando con la luz y los privilegios que vienen del cielo. *1
Era precisamente este el pecado el cual Jerusalén había participado. El discípulo amado declara.
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Juan 1:1-4, 10, 11
¡Jesús es Dios! Nuestra salvación depende de nuestro conocimiento de Jesús. “¡El Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios!” El creo todas las cosas y por el subsisten. El es la vida eterna. Pero que tristeza, Jesús vino a los suyos y los suyos no lo recibieron ni le conocieron. No hay pecado mas grande que rechazar a Jesús. ¿Cómo es posible que el mundo rechace el único medio de salvación? El pecado contra el Espíritu Santo es este, cuando el corazón se endurece hasta tal punto que no permite que Dios obre en el. No hay perdón puesto que no hay nada mas que el Señor puede hacer por esa persona. Lo peor de todo es que la persona ni tan siquiera se da cuente de su condición.
Jerusalén era una ciudad magnifica. En el siguiente estudio veremos el especial favor que el Señor tenía hacia esta ciudad y cuan grande fue la misericordia que el demostró hacia ella.
Desde lo alto del monte de los Olivos miraba Jesús a Jerusalén, que ofrecía a sus ojos un cuadro de hermosura y de paz. Era tiempo de Pascua, y de todas las regiones del orbe los hijos de Jacob se habían reunido para celebrar la gran fiesta nacional. De entre viñedos y jardines como de entre las verdes laderas donde se veían esparcidas las tiendas de los peregrinos, elevábanse las colinas con sus terrazas, los airosos palacios y los soberbios baluartes de la capital israelita. La hija de Sión parecía decir en su orgullo: "¡Estoy sentada reina, y ... nunca veré el duelo!" porque siendo amada, como lo era, creía estar segura de merecer aún los favores del cielo como en los tiempos antiguos cuando el poeta rey cantaba: "Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra es el monte de Sión,...la ciudad del gran Rey." Salmo 48:2. Resaltaban a la vista las construcciones espléndidas del templo, cuyos muros de mármol blanco como la nieve estaban entonces iluminados por los últimos rayos del sol poniente que al hundirse en el ocaso hacía resplandecer el oro de puertas, torres y pináculos. Y así destacábase la gran ciudad, "perfección de hermosura," orgullo de la nación judaica. ¡Qué hijo de Israel podía permanecer ante semejante espectáculo sin sentirse conmovido de gozo y admiración! *2
Las Escrituras son muy claras al describir lo que Jesús sintió por los habitantes de esta ciudad.
Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, Lucas 19:41
¡Qué imagen mas poderosa! Jesús lloró sobre ella. ¿Te puedes imaginar al príncipe del universo con lágrimas en sus ojos? ¿Y porque lloró?
Pero eran muy ajenos a todo esto los pensamientos que embargaban la mente de Jesús. "Como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella." Lucas 19:41. En medio del regocijo que provocara su entrada triunfal, mientras el gentío agitaba palmas, y alegres hosannas repercutían en los montes, y mil voces le proclamaban Rey, el Redentor del mundo se sintió abrumado por súbita y misteriosa tristeza. El, el Hijo de Dios, el Prometido de Israel, que había vencido a la muerte arrebatándole sus cautivos, lloraba, no presa de común abatimiento, sino dominado por intensa e irreprimible agonía. *2
El pueblo especial de Dios había rechazado al Salvador del mundo. El Señor vio las imágenes de lo que pronto se llevaría a cabo en esta ciudad.
diciendo: !!Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. Lucas 19:42-44
Justo antes de que a Jesús se le diese la entrada triunfal, lloró. Todos, incluyendo sus discípulos pensaban que Jesús había venido a establecer su reino. No entendían cual era realmente su misión. Recordemos que poco días después de esta entrada triunfal, el Salvador del mundo daría su vida en la cruz del calvario.
No lloraba por sí mismo, por más que supiera adónde iba. Getsemaní, lugar de su próxima y terrible agonía, extendíase ante su vista. La puerta de las ovejas divisábase también; por ella habían entrado durante siglos y siglos las víctimas para el sacrificio, y pronto iba a abrirse para él, cuando "como cordero" fuera "llevado al matadero." Isaías 53:7. Poco más allá se destacaba el Calvario, lugar de la crucifixión. Sobre la senda que pronto le tocaría recorrer, iban a caer densas y horrorosas tinieblas mientras él entregaba su alma en expiación por el pecado. No era, sin embargo, la contemplación de aquellas escenas lo que arrojaba sombras sobre el Señor en aquella hora de gran regocijo, ni tampoco el presentimiento de su angustia sobrehumana lo que nublaba su alma generosa. Lloraba por el fatal destino de los millares de Jerusalén, por la ceguedad y por la dureza de corazón de aquellos a quienes él viniera a bendecir y salvar. *2
Tal es lo que siente el Señor por sus hijos ahora. Con tristeza mira a los habitantes de este mundo que lo rechazan. ¿Cómo es posible que el mundo ignore el gran amor y el sacrifico que Jesús hizo por nosotros? El príncipe del universo lo dio todo y extiende la invitación a la vida eterna. Pero con lágrimas en sus ojos mira las almas que se perderán.
La última noche de este mundo se acerca. ¿Permitirás que el Señor entre a tu vida? ¿Estarás dispuesto a dar lo poco que tienes por lo mucho que Él te ofrece?


¡EL SEÑOR VIENE PRONTO, AMEN, SI, VEN SEÑOR JESÚS!


1* Patriarcas Y Profetas, “14. La Destrucción de Sodoma”, Elena G. de White
2* El Conflicto De Los Siglos, “1. La Destrucción de Jerusalén”, Elena G. de White
* Imagen: "Destruction of the Temple of Jerusalem", Francesco Hayez

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