miércoles, diciembre 23, 2009

El Santuario – Plan De La Salvación (Parte 12)

El sacerdote tenía vestiduras especiales que usaría mientras ministraba en el santuario Éxodo 28. Así como en el santuario el mobiliario era de oro y el velo de purpura, la vestimenta del santuario fue hecha de los mejores materiales. Éxodo 39:1-31.

Se designó para los sacerdotes un traje especial, que concordaba con su oficio. "Y harás vestidos sagrados a Aarón tu hermano, para honra y hermosura" (Exo. 28: 2), fue la instrucción divina que se le dio a Moisés. El hábito del sacerdote común era de lino blanco tejido de una sola pieza. Se extendía casi hasta los pies, y estaba ceñido en la cintura por una faja de lino blanco bordada de azul, púrpura y rojo. Un turbante de lino, o mitra, completaba su vestidura exterior.

Las vestiduras del sumo sacerdote eran de costosa tela de bellísima hechura, como convenía a su elevada jerarquía. Además del traje de lino del sacerdote común, llevaba una túnica azul, también tejida de una sola pieza. El borde del manto estaba adornado con campanas de oro y granadas de color azul, púrpura y escarlata. Sobre esto llevaba el efod, vestidura más corta, de oro, azul, púrpura, escarlata y blanco, rodeada por una faja de los mismos colores, hermosamente elaborada. El efod no tenía mangas, y en sus hombreras bordadas con oro, tenía engarzadas dos piedras de ónix, que llevaban los nombres de las doce tribus de Israel.

Sobre el efod estaba el racional, la más sagrada de las vestiduras sacerdotales. Era de la misma tela que el efod. De forma cuadrada, medía un palmo, y colgaba de los hombros mediante un cordón azul prendido en argollas de oro. El ribete estaba formado por una variedad de piedras preciosas, las mismas que forman los doce fundamentos de la ciudad de Dios. Dentro del ribete había doce piedras engarzadas en oro, arregladas en hileras de a cuatro, que, como las de los hombros, tenían grabados los nombres de las tribus. Las instrucciones del Señor fueron: "Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el racional del juicio sobre su corazón, cuando entrare en el santuario, para memoria delante de Jehová continuamente." (Exo. 28: 29.) Así también Cristo, el gran Sumo Sacerdote, al ofrecer su sangre ante el Padre en favor de los pecadores, lleva sobre el corazón el nombre de toda alma arrepentida y creyente. El salmista dice: "Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará de mí." (Sal. 40: 17.)

La mitra del sumo sacerdote consistía en un turbante de lino blanco, que tenía una plaquita de oro sostenida por una cinta azul, con la inscripción: "Santidad a Jehová." Todo lo relacionado con la indumentaria y la conducta de los sacerdotes había de ser tal, que inspirara en el espectador el sentimiento de la santidad de Dios, de lo sagrado de su culto y de la pureza que se exigía a los que se allegaban a su presencia.*1

Como mencioné anteriormente, no cualquiera podría entrar en el santuario ni tocar su contenido y vivir. El Señor había escogido a la tribu de leví para que se encargase de ministrar en el santuario. Numero 1:47-54. Pero solo el sumo sacerdote podría entrar en el lugar santísimo.

Aarón fue escogido por Dios como el primer sumo sacerdote. Es interesante que sus vestiduras incluyeran una campanilla.

Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, en toda la orla del manto alrededor. Y estará sobre Aarón cuando ministre; y se oirá su sonido cuando él entre en el santuario delante de Jehová y cuando salga, para que no muera. Éxodo 28:34, 35.

Se podía escuchar la campanilla mientras el sacerdote ministraba en el santuario, pero si dejaba de sonar era porque el sacerdote había muerto. Sus vestiduras también incluían el titulo Santidad A Jehová. Con todo el santuario también daba a entender al pueblo que las cosas de Dios son Santas y puras.

Las vestiduras no solo representaban la pureza y santidad de Dios sino que también tenían como objetivo proteger al sumo sacerdote.

Y estarán sobre Aarón y sobre sus hijos cuando entren en el tabernáculo de reunión, o cuando se acerquen al altar para servir en el santuario, para que no lleven pecado y mueran. Es estatuto perpetuo para él, y para su descendencia después de él. Éxodo 28:43

Jesús nos invita que llevemos las vestiduras de justicia. Los santos de Dios llevan ropas blancas las cuales han purificado con la sangre del cordero.

Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Apocalipsis 7:13, 14

Hagamos memoria de una de las parábolas que el Señor relató.

El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. Mateo 22:2-24

Esta parábola también nos explica como Dios había hecho un pacto de salvación con su pueblo pero ellos lo rechazaron. Por lo tanto se invito a todos los que el siervo encontró en su camino. Ahora todos tenemos la oportunidad de salvación. Pero para poder entrar a las bodas del cordero tendremos que llevar la ropa de justicia. La ropa que hemos recibido por parte de Jesús quien nos limpia de pecado y nos hace aptos para entrar al cielo.

Es lamentable que muchos pensamos tener las vestiduras de justicia. Muchos pensamos estar limpios pero el mensaje a Laodicea nos dice lo contrario.

He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3:14-21

El mensaje es que obtengamos las vestiduras blancas para cubrir nuestra desnudez espiritual. Necesitamos un purificación, para estar ante la presencia de Dios. Solo por medio de Jesús es que tendremos entrada a la gran cena de las bodas del cordero.

No se nos olvide que muchos son los llamados pero poco los escogidos. ¡Ojala nosotros nos encontremos entre los escogidos en aquel gran día del Señor!

¡EL SEÑOR VIENE PRONTO, AMEN, SI, VEN SEÑOR JESÚS!

*1 Patriarcas y Profetas, “El Tabernáculo y Sus Servicios”, Elena G. de White


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